Vishaya
El objeto de concentración
En los Yoga Sûtra se habla del objeto o cosa utilizando tres términos diferentes:
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Vastu: |
el
objeto en sí, independiente de los órganos de los sentidos. |
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Vishaya: |
el
objeto susceptible de ser captado, aprehendido por los órganos de los
sentidos. |
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Artha: |
el
significado del objeto una vez captado por los órganos de los sentidos. |
Patâñjali proporciona el primer método práctico (y quizás el mas efectivo entre los practicantes devocionales) para lograr el objetivo, introduciendo el concepto de îshvarapranidhâna, o “entrega, devoción, confianza total, abandono,...” a îshvara.
Ya desde el primer momento se señala a îshvara como el objeto a elegir para la práctica mas intensa y el practicante mas avanzado, a fin de lograr la abstracción mental:
La interiorización que
trasciende el conocimiento también está próxima para los que practican la
sumisión al ser supremo (I.23)
En este sentido y no en otro , es como se considera la existencia de un Ser (objeto) Supremo, es decir, como el mejor instrumento capaz de acelerar el progreso hacia la interiorización total.
Esto es válido solamente para un tipo especial de practicante, pudiendo ser de aplicación la elección de otro objeto en diferentes situaciones.
Pero, ¿qué se puede entender con el concepto de îshvara?. En principio, Patâñjali se limita a indicar que tal término sólo hace referencia a un sí mismo (purusha) especial, mas perfecto que todos los demás, en el sentido de que nunca ha estado ni estará “cegado” por su “acercamiento” a la materia. En consecuencia, este particular purusha supone el mejor objeto para la concentración.
No le afectan las causas de aflicción (klesha), ni de ningún modo las consecuencias de las acciones (karma, samskâra); por otra parte, dado que se encuentra mas allá del tiempo y del espacio, es potencialmente omnisciente y modelo a imitar por todos los demás.
Lo absoluto es un sí mismo
especial al que no le afectan las causas de aflicción, ni las consecuencias
inmediatas o latentes de las acciones (I.24) —
En el ser supremo se da en sumo grado la potencialidad de omnisciencia (I.25) — El ser supremo es maestro incluso de
los primeros maestros, puesto que no esta limitado por el tiempo (I.26)
Patâñjali también proporciona consejos sobre cómo desarrollar la práctica tomando a îshvara como objeto. En general, se recomienda la técnica del japa, o repetición adecuada de una palabra que permita evocar en lo posible su significado profundo.
Su símbolo es la denominación
mas elevada (I.27) — Su repetición conduce
a la evocación de su significado (I.28)
Pero îshvarapranidhâna no se entiende simplemente como una técnica de evocación mental de la palabra mas representativa de su significado para el sujeto, sino que también se incluye como actitud genérica y básica en todo el sistema, como la búsqueda de un perfecto y profundo “dejarse estar” en lo que îshvara representa. Se pretende actuar así movido por intereses totalmente altruistas hacia el objetivo final, provocando el desapego de lo material al comprender su transitoriedad. Se insiste en la evocación mental y constante de îshvara como objetivo supremo a conseguir.
Como consecuencia de esta práctica, denominada îshvarapranidhâna, el practicante llega finalmente a vislumbrar la propia conciencia, desaparecen los obstáculos a la concentración y ésta se perfecciona.
En consecuencia, mediante la devoción al ser supremo, se logra la interiorización de la conciencia y la desaparición de los obstáculos (I.29) — A través de la sumisión al ser supremo se logra plenamente la interiorización perfecta (II.45)
Tradicionalmente, sin embargo, a partir de este sencillo concepto, se ha ido asimilando a îshvara con el Dios religioso, poseedor de todos sus atributos divinos y merecedor de adoración, respeto, amor, etc. Presumiblemente, se trata de una desviación propia de las diversas corrientes devocionales a que pertenecían y pertenecen muchos comentadores de los Yoga Sûtra. Tal desviación ha llegado incluso a que algunas interpretaciones del texto consideren éste como el único medio capaz de permitir el Aislamiento Trascendental.
Además, a partir de esta identificación entre îshvara y Dios, se ha considerado que el sistema de Patâñjali es un sistema teísta en oposición al sâmkhya, introduciéndose de esta forma el debate entre ateos, agnósticos y creyentes de las distintas corrientes devocionales sobre la existencia o no de un Dios y sus atributos .
Los Yoga Sûtra es, ante todo, un manual práctico y no entra en consideraciones sobre la existencia divina, limitándose a señalar el objeto mas perfecto en el que puede concentrarse el practicante (devocional) y la forma correcta de hacerlo, por medio de la invocación de una palabra o fonema que lo designe de forma adecuada. En la cultura hindú, tal fonema suele ser AUM, vocablo cargado de todo tipo de simbologías:
No obstante, tampoco en esto se observa inclinación por parte de Patâñjali hacia una cultura particular para explicar el concepto de îshvara; el Yoga muestra en todo momento su talante universal y abierto a toda creencia.
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A |
U |
M |
Silencio |
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Dios Maestro Fuerza |
Relación Maestro-Discipulo |
Yo Discípulo Humildad |
Perfección |
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Letras |
Primer sonido Inicio |
Relación |
Último sonido Fin |
Silencio |
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Veda |
Rig Veda |
Yajur Veda |
Sama Veda |
Vacío Nada |
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Mundo |
Brahma Creación |
Vishnu Conservación |
Shiva Disolución |
Eternidad Infinito |
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Estados de conciencia |
Vigilia |
Ensoñación |
Sueño profundo |
Enstasis |
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Aliento |
Inspiración |
Retención |
Espiración |
4ª técnica |
Tras analizar profusamente el objeto supremo, Patâñjali expone una serie de objetos alternativos igualmente válidos para procurar la estabilización mental (abhyâsa). En primer lugar, a fin de crear las condiciones favorables para la práctica, se señalan los dos medios que aportan la necesaria serenidad mental previa.
Primero se recomienda una actitud personal específica con respecto a las distintas circunstancias emocionales de las personas que rodean al practicante. Se trata de crear en el yogui el clima mental idóneo para facilitar la estabilidad en el objeto de concentración.
La estabilización de la mente se logra proyectando simpatía, compasión, alegría y ecuanimidad hacia todas las situaciones, ya sean felices, desgraciadas, virtuosas o moralmente inaceptables (I.33)
Este aforismo sobre la evocación de los cuatro sentimientos es particularmente importante y representa un papel análogo a los yama (actitudes sociales) y niyama (actitudes personales) en el segundo capítulo; no se trata de un medio posible, sino de un paso obligatorio que se busca conscientemente, por un lado, y que surge paralelamente a las prácticas, por otro.
Como complemento para reforzar tal serenidad y también como objeto de concentración, se recomienda la regulación de la energía fundamental a través de la respiración.
Opcionalmente, se estabiliza la mente controlando la retención y la expulsión del aliento (I.34)
A continuación, considerando estas dos primeras recomendaciones como prácticas básicas, se exponen distintas técnicas para que el practicante lleve a cabo la concentración.
También se estabiliza la mente cuando se produce una percepción excepcional del objeto manteniendo inactiva la mente sensible (I.35) — Igualmente, cualquier percepción continuada luminosa y sin dolor provoca la estabilización de la mente (I.36) — También, la conciencia se estabiliza cuando se dirige hacia los seres que han logrado la liberación del deseo (I.37) — De forma alternativa, la mente se estabiliza cuando se apoya en el conocimiento intuitivo obtenido durante el sueño, tanto con ensoñaciones como sin ellas (I.38)
Por último, se deja libertad total para elegir el objeto de concentración siempre que se cumpla un único requisito: que el objeto elegido sea agradable.
En general, se estabiliza la mente con la meditación en lo que es de agrado
(I.39)
Por otro lado, un mismo objeto se puede contemplar con diferente profundidad, es decir, bajo un aspecto mas grosero o mas sutil; en consecuencia, la identificación enstática lograda con el objeto será mas profunda cuanto mayor sea la sutileza de lo contemplado. En definitiva, el objeto es distinto para cada observador en base a la sutileza de su observación.
La sutileza de los objetos alcanza hasta lo indeterminado (I.45)
Una vez alcanzada la estabilidad mental continuada y a fin de avanzar en la abstracción de los procesos mentales buscando objetivos concretos, se señalan otros posibles objetos de concentración sobre los cuales efectuar el control mental (samyama). Para conseguir los objetivos previstos, el objeto elegido debe servir de apoyo a la concentración, meditación e interiorización profunda en una práctica única y sin fisuras.
Las tres (concentración, meditación e interiorización profunda) mantenidas de forma prolongada sobre un mismo objeto constituyen el control mental (III.4)
En todo caso, el fin último perseguido a través de la práctica del control mental sobre un objeto, es el de avanzar en la comprensión de dicho objeto; se trata sobre todo de obtener conocimiento trascendental.
El dominio del control mental proporciona la luz de la sabiduría trascendental (III.5)
A fin de profundizar en el conocimiento de la auténtica naturaleza de las cosas, se citan varios objetos sobre los que llevar a cabo el autocontrol completo:
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OBJETO |
SÛTRA |
CONOCIMIENTO
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Los tres tipos de transformación que hacen evolucionar las cosas |
Dirigiendo el control mental hacia los tres tipos de cambio: por la forma, el tiempo y el estado, surge el conocimiento del pasado y del futuro III.16 |
El pasado y el futuro |
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El sonido |
Dirigiendo el control mental hacia la discriminación dentro de la natural mezcla entre estos confusos elementos: sonido, su significado y su idea, los cuales se superponen habitualmente entre si, se logra conocimiento sobre los sonidos de todos los seres III.17 |
El sonido de todos los elementos |
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Las impresiones latentes dejadas por los procesos mentales |
A través de la percepción directa de las impresiones subliminales, gracias al control mental, surge el conocimiento de las vidas anteriores III.18 |
Las vidas anteriores |
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Otro complejo mental |
A través de la percepción directa del pensamiento de otro, se obtiene la comprensión de la conciencia del otro III.19 — Pero este conocimiento no tiene como objeto dicho pensamiento junto con su correspondiente soporte, es decir, con su objeto, a causa de la naturaleza no objetiva de este III.20 |
El contenido de otro complejo mental |
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Las
causas y las premoniciones |
Dirigiendo el control mental hacia la acción causal de efectos inmediatos y retardados, o también a través de algún presentimiento, se logra conocimiento sobre el fin último III.22 |
El propio fin último |
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La luminosidad del proceso mental que tiene lugar durante el autocontrol completo |
Concentrando la luminosidad de los procesos
mentales continuados sobre cualquier objeto se logra conocimiento de lo
sutil, lo oculto y lo distante en tales objetos III.25 |
Lo sutil, lo oculto y lo distante |
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El sol |
Dirigiendo el control mental hacia el sol se logra conocimiento sobre el cosmos III.26 |
El cosmos |
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La luna |
Dirigiendo el control mental hacia la luna se logra conocimiento sobre el ordenamiento estelar III.27 |
El ordenamiento estelar |
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La estrella polar |
Dirigiendo el control mental hacia la inmutable estrella polar se logra conocimiento sobre el movimiento de las estrellas III.28 |
El movimiento estelar |
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Centro energético del vientre |
Dirigiendo el control mental hacia el
centro energético del vientre se logra conocimiento sobre el sistema corporal III.29 |
El sistema corporal |
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Corazón |
Dirigiendo el control mental hacia el
corazón se logra comprensión de la naturaleza de la conciencia III.34 |
El propio complejo mental |
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Objeto de existencia de las cosas |
La experiencia humana, basada en una idea
que no distingue entre el completamente puro sí mismo y el aspecto mas puro
de la mente, existe para otro; dirigiendo el control mental hacia lo que
existe para sí mismo se logra el conocimiento del sí mismo esencial III.35 |
El sí mismo |
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